Día 2. Viernes.
Como ya venía siendo regla, bien tempranito estábamos abajo en los coches cargados y listos para una nueva etapa de sensaciones en aquel país. Esta vez salíamos hacia el norte costeando, tras repostar a las afueras de Agadir. Carretera de curvas, poco tráfico, un rebaño de camellos, y fuimos subiendo poco a poco por la costa. Salvo un tramo de interior en el que pasamos por un bosque impresionante de Argan, del que sacan el aceite metabolizado con tantas propiedades. Luego os contaremos exactamente en qué cosiste el proceso. Llegando a otra zona costera se repitió la historia de la caza; esta vez era Isidro al que pillaban un poco más rápido de la velocidad limitada. Estaba claro que había que andarse con cuidado, pues jodía, aunque las cantidades fueran simbólicas.
A la vista teníamos ya Essaouira, donde el plan era pasar por las dunas que el año pasado no vimos, comer marisco, y seguir hasta Oualidia. Plan que nunca llegó a cumplirse…
Antes de llegar a las dunas, que ya estaban a la vista, hubo que hacer un vadeo por el que no paraban de pasar unos camiones bestiales de una obra cercana. Llegué a la orilla, observé los vehículos que pasaban, puse el 4x4 por si las moscas, y despacito llegamos hasta la otra orilla para filmar al resto. Apenas apostarnos con la cámara, jairo estaba ya atrancado en un talud del que el Toyota no podía sacarlo por más que tiraba. Un camión que vió la escena al pasar, como si de la mano de Alá se tratase, le dio un tironcito con pasmosa suavidad pero enorme fuerza que le volvió a dar con las 4 ruedas en el suelo. Hay que ver el video para darse cuenta de lo que digo.
Así que en breve teníamos a Javi pasando para deleite de las cámaras, un poco más estrepitosamente que yo, pero de menos a más. Salpicaduras que quedan ahí para la posteridad. Y detrás Jairo, que no había tenido bastante con el numerito del camión, entraba en el agua algo más fuertecillo mientras lo seguíamos con la mirada y… bocanada de humo negro, 5 metros, y parón. El coche clavado en el río. Jairo bajaba, miraba, y por su cara la cosa pintaba mal. Agua en el motor.
Ya le dedicaremos tema aparte, pero una de las modificaciones de su coche, el recorte de los parachoques, había creado un tobogán estupendo para el agua en dirección a la admisión. Y el invento había sido del todo inclemente, llenado el conducto de tal forma que el filtro de podía escurrir como una toalla mojada. Eslingado hasta el centro de Essaouira, Los esfuerzos de Serafín fueron en balde, debía haber agua hasta en el intercooler, y aquello no volvió a arrancar en Marruecos. Tremenda putada para el bueno de Jairo y su sufrido Sorento… solo nos quedó una larga tarde para llamar a la asistencia y conseguir que remolcaran el coche hasta Algeciras, y no hasta Marrakech como pactaban en principio. Así se acabó el marisco y el ir hasta Oualidia, y el grupo se dividió en dos, Isidro con Jairo acompañado hasta la frontera durante la noche, y el resto que subimos por autopista hasta Settat, un pueblo sin nada que ver, con dos hoteles birriosos y en el que tuvimos la mala suerte de que se nos cerrasen los ojos… no podíamos conducir ya más, y allí tocó descansar.